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martes, 1 de marzo de 2016

A MI EL VINO ME PROVOCA...


Cada uno de nosotros es un universo distinto, talla, peso, altura, color de piel e internamente aún más, gustos, preferencias, fobias, etc. y en el caso de nuestra reacción ante una determinada bebida alcohólica estas respuestas pueden ser incluso más variopintas, desde la repulsión o aceptación hasta que se nos suba relativamente rápido y nos alegre más de la cuenta, en fin, hoy a través de estas líneas queremos ir de la mano contigo - y en la otra una copa - para decir juntos "A mi el vino me provoca..."

SUEÑO : Y no, no tiene nada de raro, en realidad el efecto del alcohol sobre nuestro sistema nervioso es de depresor, es decir relaja nuestro cerebro; si a eso sumamos la teoría que, en la piel de las uvas se encuentra un compuesto similar a la melatonina(1) (hormona hipnoinductora) hará que, especialmente los tintos, tengan este efecto de relajo e incluso mucho más si en su elaboración se usaron activadores vegetales.
RUBOR: Muchas personas suelen sonrojarse durante el consumo de vino (y otras bebidas alcohólicas), esto sumado a una pequeña sensación de calor lo cual no tendría nada de raro pues el etanol produce un temporal aumento en la presión que luego decae durante la degradación de este y la aparición del acetaldehido, metabolito que causa expansión de los vasos y con esto el descenso de la presión. El acetaldehido en realidad es mucho más peligroso que el mismo alcohol y aunque su paso por el cuerpo es fugaz se le ha relacionado con males como el cáncer al estómago. Existen sin embargo, personas cuya capacidad para eliminar este compuesto es deficiente quedándose más tiempo en el cuerpo sin que pueda normalizarse la presión a los valores normales. Si eres de los que te sonrojas después de beber,  y esta sensación no desaparece tan rápido, puede que tengas mayor riesgo de sufrir de hipertensión(2)
CALOR: Lo mencionamos también líneas arriba, el consumo de alcohol produce una sensación de aumento de temperatura, mas por el contrario a lo que se cree no da calor sino que promueve su pérdida. Yo se que suena confuso, pero lo que en realidad ocurre es que el alcohol, al ser vasodilatador, motiva a una mayor circulación sanguínea - acompañado de una subida de presión - que luego se disipará al pasar su efecto, la sangre circula con mayor fuerza por los capilares haciendo que la piel se caliente con el calor de esta, pero lo que en realidad está haciendo es cediendo temperatura que, al pasar dicho efecto, traerá consigo un enfriamiento.
MALESTAR: La raza asiática es mucho menos propensa al alcoholismo y no, no por voluntad y/o cultura sino por una deficiencia genética(3) que tiene que ver con su forma de digerir el alcohol. Durante la degradación del etanol este es oxidado por la alcohol deshidrogenasa (ADH) convirtiéndolo en acetaldehido, luego la aldehido deshidrogenasa (ALDH) transforma este metabolito en acetato para eliminarlo sin problemas. Como ya te hemos contado, el acetaldehido es mucho más tóxico que el propio etanol y su permanencia en el cuerpo dependerá de la ALDH disponible, y si esta escasea sentiremos todo los síntomas propios de una intoxicación. El hígado produce dos tipos de ALDH, la I y la II, y es justo esta última la que parece ser la gran ausente en el organismo del 50% de los nipones, y que les hace desear la muerte con tan solo unas gotas de cualquier bebida alcohólica.
LOCUACIDAD: El efecto depresor del etanol sobre nuestro sistema nervioso puede ayudar a que ciertas inhibiciones desaparezcan y con ello se nos suelte la lengua y tengamos menos temor de dar nuestra opinión o incluso contar anécdotas que probablemente teníamos muy bien guardadas en lo más oculto de nuestro cerebro. Esto lo suelen aprovechar muchas personas cuando tienen que brindar un discurso o los actores para estar más suelto durante la obra, mientras no nos excedamos de las dosis recomendadas y el adormecimiento del cuerpo nos haga arrastrar la lengua y con ello poner en evidencia nuestra embriaguez.
CALENTURA: No, no estamos hablando de temperatura sino de excitación sexual; y es que el vino tiene todos los ingredientes para ser un perfecto afrodisíaco, tanto el color como el efecto vasodilatador (mejor circulación = mejor llenado de cuerpos cavernosos), sumado a las desinhibiciones que las pequeñas dosis promueven, no solo nos animarán sino que incluso pueden catalizar las situaciones para que terminemos, no sufriendo sino disfrutando de este efecto.

Y a ti - ¿Qué te provoca el vino?

REFERENCIAS:

(1) Universidad de Milán (Italia)
(2) Universidad Nacional de Chungnam (Corea del Sur)
(3) Universidad de Hamburgo (Alemania)
http://www.alcoholinformate.org.mx/

Artículo publicado especialmente para la revista Catering & Gastronomía